4. La Villa y sus secretos /
La Plaza, el orgullo de un pueblo hecho a sí mismo

La Columna del Lazarillo

Una columna de la Plaza ocupa un lugar de primera importancia en una de las grandes obras de la Literatura castellana: El Lazarillo de Tormes. Identifica el lugar preciso y cumple con el rito.

Una columna con mucha historia

La Plaza de Escalona es el escenario donde transcurren los últimos episodios del primer libro del Lazarillo de Tormes. La visita a la casa del zapatero, el episodio de la longaniza y el nabo y, en especial, el último de todos ellos, que forma parte ya de nuestra memoria colectiva, cuando aquí, en esta misma plaza, el joven Lázaro se venga de su amo ciego y lo abandona para siempre.

 

¿Dónde? Mira de frente la Casa del Concejo. Es la columna que está en el extremo de la derecha.

 

 

Así fueron los hechos

 

Esto fue lo que pasó, contado por el propio texto:

 

Y fue así, que luego otro día salimos por la villa a pedir limosna, y había llovido mucho la noche antes; y porque el día también llovía, y andaba rezando debajo de unos portales que en aquel pueblo había, donde no nos mojamos; mas como la noche se venía y el llover no cesaba, díjome el ciego: “Lázaro, esta agua es muy porfiada, y cuanto la noche más cierra, más recia. Acojámonos a la posada con tiempo.”

 

Para ir allá, habíamos de pasar un arroyo que con la mucha agua iba grande. Yo le dije: “Tío, el arroyo va muy ancho; mas si queréis, yo veo por donde travesemos más aína sin nos mojar, porque se estrecha allí mucho, y saltando pasaremos a pie enjuto.”

 

Parecióle buen consejo y dijo: “Discreto eres; por esto te quiero bien. Llévame a ese lugar donde el arroyo se ensangosta, que agora es invierno y sabe mal el agua, y más llevar los pies mojados.”

 

Yo, que vi el aparejo a mi deseo, saquéle de bajo los portales, y llevélo derecho de un pilar o poste de piedra que en la plaza estaba, sobre el cual y sobre otros cargaban saledizos de aquellas casas, y díjele: “Tío, éste es el paso mas angosto que en el arroyo hay.” Como llovía recio y el triste se mojaba, y con la priesa que llevábamos de salir del agua que encima nos caía, y lo más principal, porque Dios le cegó aquella hora el entendimiento, fue por darme dél venganza, creyóse de mi y dijo: “Ponme bien derecho, y salta tú el arroyo.”

 

Yo le puse bien derecho enfrente del pilar, y doy un salto y póngome detrás del poste como quien espera tope de toro, y díjele: “¡Sus! Saltad todo lo que podáis, porque deis deste cabo del agua.” Aún apenas lo había acabado de decir cuando se abalanza el pobre ciego como cabrón, y de toda su fuerza arremete, tomando un paso atrás de la corrida para hacer mayor salto, y da con la cabeza en el poste, que sonó tan recio como si diera con una gran calabaza, y cayó luego para atrás, medio muerto y hendida la cabeza.

 

“¿Cómo, y olistes la longaniza y no el poste? Oled", le dije yo.Y déjole en poder de mucha gente que lo había ido a socorrer, y tomo la puerta de la villa en los pies de un trote, y antes que la noche viniese di conmigo en Torrijos. No supe más lo que Dios dél hizo, ni curé de lo saber.

 

 

El Rito del Cabezazo

 

Hoy cuando llueve mucho en esta plaza se siguen formando esos arroyos. Y, llueva o no llueva, una columna te sigue brindando, como a Lázaro, la oportunidad de liberarte de los “demonios” que no te dejan ser tú mismo. Cuando vengas no dejes de participar en el “Rito del Cabezazo”.

 

 

El guiño final

 

Por cierto, que esta columna y este rito esconden un último guiño. Pero es un guiño sólo reservado para quienes a estas alturas ya habéis descubierto que en Escalona, detrás de lo que se ve hay siempre una segunda lectura, reservada para quienes estén dispuestos a mirar más allá de lo que enseñan los ojos.

 

Y es que el engaño del Lazarillo y el “cabezazo” del ciego están ambientados exactamente en este lugar, pero no sobre la columna que hoy puedes ver. Curiosamente en aquellas fechas esa columna ya estaba en Escalona, pero en otro lugar. Ocupaba una posición de honor en el patio principal del Castillo, levantado por don Álvaro de Luna. Cuando siglos después el ejército de Napoleón lo destruyó, algunas de sus columnas se trajeron hasta aquí y desde entonces viven una segunda vida.

 

Es la gran jugada que resume el espíritu de Escalona. Don Álvaro y el Lazarillo, las dos caras de su historia, unidos en el mismo lugar. A la vista de todos... pero sólo para quienes sean capaces de verlo...

 

Cumple con el Rito del Cabezazo

 

 

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